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viernes, 4 de julio de 2008

EL MIEDO A LA OSCURIDAD Y PROBLEMAS DE SUEÑO EN LA INFANCIA

El miedo a la oscuridad es propio de la infancia. Suele iniciarse alrededor de los dos años, cuando el pequeño empieza a desarrollar una gran imaginación, continúa siendo frecuente en edades posteriores y empieza a disminuir hacia los nueve años.

El temor a la oscuridad se asocia con miedos diferentes, como separaciones, soledad, seres imaginarios, etc., y es una de las causas de los problemas del sueño. Cuando se hallan en la cama a oscuras, algunos niños se tranquilizan al escuchar ruidos nocturnos, porque piensan que sus padres se encuentran en casa y no les han abandonado, mientras que otros se sobresaltan al interpretar que algún ladrón o personaje ficticio ha forzado la puerta y se acerca sigilosamente.

La mayoría de los niños superan su miedo a la oscuridad con el paso del tiempo. En algunos casos el miedo persiste durante muchos años, puede causar malestar y repercutir negativamente en el funcionamiento infantil.

Cómo vencer el temor a la oscuridad a través del juego
El juego es una actividad placentera y también terapéutica, se puede emplear también para vencer los temores. En el caso del temor a la oscuridad, se puede emplear el juego de las “escondidas”, a través de ella podemos jugar con el niño escondiéndonos, sirviendo como “modelos” y haciendo que ellos también se escondan y permanezcan por unos segundos en lugares oscuros sean habitaciones, armarios o algún otro escondite. De esta manera el niño, aprenderá por aproximaciones sucesivas a permanecer unos segundos solo y a oscuras, posteriormente se aumentarán los niveles de tiempo, sin forzarlo, pues debe ser un momento de aprendizaje, alegría y placer. El temor a la oscuridad es algo común en la infancia pero se debe enseñar a los niños a superarlo gradualmente.

Problemas de sueño: Pesadillas y terrores nocturnos

Los terrores nocturnos son despertares bruscos, que se inician con gritos o llantos de angustia y se acompañan de señales de intenso miedo. El niño se sienta bruscamente en la cama con expresión facial de terror. No reacciona ante los esfuerzos de sus padres para tranquilizarlo. Si finalmente lo consiguen, está confuso y desorientado durante unos minutos Los terrores nocturnos son mucho menos frecuentes que las pesadillas. Pueden presentarse entre los cuatro y los doce años y tienden a desaparecer por sí solos en la adolescencia.

Las pesadillas son sueños aterradores prolongados, cuyo contenido gira en torno a amenazas para la propia supervivencia o seguridad, por ejemplo, que un tigre persigue y ataca al niño o que él cae al vacío, luego se despierta asustado y recuerda vívidamente la historia del sueño. Las pesadillas son frecuentes en la infancia y suelen aparecer entre los tres y seis años de edad. Están relacionadas con sentimientos de inseguridad, ansiedades, temores y preocupaciones, también acostumbran a tener relación con vivencias nuevas para el niño que le han ocurrido durante el día y que le resultan difíciles o temerosas. Por ejemplo rivalidades con compañeros de colegio o hermanos, inseguridad, sucesos dolorosos o traumáticos, reacciones agresivas, todo ello causa estrés al niño. También pueden estar fácilmente inducidos por enfermedades, el dolor y la sobreexcitación de programas violentos de televisión o por amenazas extremas por parte de los padres.

Debemos tener en cuenta que los niños pequeños no saben distinguir entre lo que es un sueño y la realidad, por eso se asustan más que cuando van creciendo y ya se dan cuenta de que ha sido un sueño.

La actuación de los padres más adecuada es la de tranquilizar, tratar de distraerlo, y después, durante el día mantener una conversación con él sobre la pesadilla y ayudarle para que sepa enfrentarse a sus problemas y que se sienta seguro.
Recomendaciones para los padres
• Tranquilizar al niño y darle seguridad: Decirle que todo está bien para que sienta seguridad, sin exagerar ni darle mucha importancia a la pesadilla, puesto que puede crear mayor dependencia en el niño y ser utilizado para llamar la atención.
• Evitar la excitación excesiva: Antes de acostarse, los niños deben tener un periodo de relajación. Se debe evitar por tanto, actividades físicas violentas, regular los programas o películas de terror a menudo estimulan la imaginación de los niños, especialmente si se van a dormir en un cuarto oscuro. Los padres deben de eliminar o limitar el número de este tipo de programas, especialmente cerca de la hora de dormir.
• No acepte que el niño duerma con los padres: Si el niño se despierta por alguna pesadilla, se debe tranquilizarlo, darle seguridad, lo que no significa dormir con ellos, esto puede dar al niño la impresión de que en realidad si hay algo a qué temer.
• Durante el día sí se puede conversar con el niño, saber de sus sueños para tener información de sus miedos e inquietudes y conversar con él al respecto.
• Regule el horario de sueño: Asegúrese de que el niño tiene un horario regular de sueño y que descansa lo suficiente.
• Enséñele a su niño a combatir su temor: Si su niño tiene miedo a la oscuridad, dígale que imagine algo bonito y relajante (un juego, algún paseo), estas son técnicas sencillas que ayudarán a que el niño aprenda a controlar sus temores.
• Consolidar una rutina antes de dormir que brinde seguridad al niño. Los problemas de sueño, muchas veces son producto de malos hábitos y de la falta de una rutina que permita regular el sueño de forma gradual.
Rutina recomendada antes de dormir:
1. Unos 15 minutos antes, avise a su niño que se aproxima la hora de dormir. Esto es para preparar al niño
2. Realice juegos tranquilos, puede permitir que el niño vea dibujos en la televisión.
3. Báñelo y póngale el pijama.
4. Acuéstelo y cántele o cuéntele un cuento, se trata de que estos momentos previos al sueño sean tranquilos, relajantes. También puede conversar con él de algo agradable que le haya sucedido al niño durante el día.
5. Despídase del niño, déle un beso, las buenas noches, apague la luz y retírese de la habitación.